Agradezco
sintiéndome extraordinariamente
privilegiada,
la red de personas
buenas que sé
debajo de mí
mientras hago mis equilibrios,
mis volteretas
por los trapecios de la vida.
Se me ocurre,
además, que la mejor manera
de honrarla
es tenerla en cuenta
cada vez que caiga,
dejando atrás el hábito,
algo arrogante,
de querer hacérmelo todo
yo sola.
