Agraeixo,
con el cojín
dibujado en la mejilla,
poder honrar
con siestas
de hora y media
los grumos de cansancio
que, en ocasiones, emergen
a este cuerpo físico,
tras décadas
de hacer ver
que podía con todo
-todo-,
que nada me espantaba,
que dejadme que ya lo hago yo…
