Agradezco
la certeza,
bellísima,
que ha aparecido
esta mañana en mi mente:
hoy es el primer día
de mi vida.
Pensar que también
lo serán mañana
y el siguiente
y el otro
no le ha quitado
ni un ápice de fuerza
ni ha evitado que iniciara
-y continuara- la jornada
con una sonrisa
de celebración.
