Agradezco
que la vida
me haya regalado
haber conocido a Miquel.
Ayer nos convertimos en huérfanos
de su presencia física.
Nos queda
su maestría de vida.
“Gracias, Miquel,
por las conversaciones;
gracias por la desbordante generosidad;
gracias por la calidez
de tu trato, de tu sonrisa;
gracias por mostrarme
cómo aceptar
con sabiduría y coraje
todo lo que nos toca vivir.
Te sea la tierra leve.”
