Agradezco
la decisión
que -lo confieso- me ha dictado
la pereza
de no insistir para tener
conexión wi-fi
cuando he estado en la biblioteca.
Recuperar el placer
de consultar
un diccionario de papel,
dejando correr las páginas
bajo las yemas de mis dedos
mientras las palabras
se deslizan
bajo la mirada atenta,
todavía ágil
para atrapar letras…
¡Qué goce he recuperado!
