Agradezco
la excursión con Lluna
hasta Dones d’Aigua.
Después de gozar
con el espectáculo
de las aterciopeladas
piedras en equilibrios
casi imposibles,
al volver descubrí
esta maravilla
en que árbol y piedra,
piedra y árbol
nos enseñan
cómo convivir,
cómo compartir
espacio un día tras otro.
