Agradezco,
mirando por el ventanal
esta tarde nublada
y las hojas otoñales
de los plátanos,
el termo
que me regaló mi madre:
allí mantengo calentito
el te con que me caldeo
más el alma que el cuerpo,
mientras escucho
música de jazz
e intento ensamblar palabras
con algún sentido
y un poco de gracia.
