Agradezco
que la lluvia,
atolondrada por el viento,
tamborileando
sobre los cristales de mi casa
me haya invitado
a una actividad
que suele costarme
muchísimo: sentarme
mano sobre mano
y contemplar
lo que la vida
quiera mostrarme
aquí y ahora.
Agradezco
que la lluvia,
atolondrada por el viento,
tamborileando
sobre los cristales de mi casa
me haya invitado
a una actividad
que suele costarme
muchísimo: sentarme
mano sobre mano
y contemplar
lo que la vida
quiera mostrarme
aquí y ahora.